10 de diciembre de 2011

Misa de la Inmaculada (8 de diciembre de 2011)

Mucho antes de su declaración como dogma de fe, la creencia piadosa en la Inmaculada Concepción de María había arraigado con fuerza en España y sus dominios, donde le fueron dedicados numerosos templos, capillas, ermitas y monumentos. Tal era la importancia de esta devoción, que el rey Carlos III solicitó al papa Clemente XIII que declarase a la Virgen María bajo su advocación de la Inmaculada Concepción como patrona del reino, constituyéndose en su honor la Real y Distinguida Orden del Carlos III, aún vigente, por la que se recompensa a «los ciudadanos que con sus esfuerzos, iniciativas y trabajos hayan prestado servicios eminentes y extraordinarios a la Nación»El definitivo reconocimiento de esta particular devoción mariana de los españoles llegó con la definición del dogma de la Inmaculada Concepción por parte del papa Pío IX, hecho ocurrido el 8 de diciembre de 1854. Desde ese día, todos los católicos del mundo celebran la fiesta litúrgica por la que se afirma que «la Santísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de culpa original desde el primer instante de su concepción, por singular privilegio y gracia de Dios Omnipotente, en atención a los méritos de Cristo Jesús», teniendo España y sus antiguos dominios de ultramar el privilegio de hacerlo con ornamentos azules. 

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